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    Los años 90

    Cerámica artística de la Exposición La Vasija del Ceramista Roberto Jiménez
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    Pieza de cerámica "Cupido" del Artista Plástico Roberto Jiménez Hidalgo

Cerámica Artística

Hacer malabares con lo trágico

El Artista Plástico Roberto Jiménez Hidalgo es una presencia dramática dentro de la Cerámica Artística Cubana. Sus Claustros son estructuras a través de las cuales comunica las angustias de los individuos encerrados en los espacios que establecen las muchas limitaciones a lo largo del tiempo y de la historia.

Así mismo, eL trabajo de textura, la manipulación de los volúmenes, el sondeo de recursos técnicos capaces de ser vehículo de su quehacer, le han hecho merecedor de una posición no lastrada por las condescendientes clasificaciones de “joven artista” o “prometedora figura”. Labora con rigor y, en los últimos años, explora posibilidades que lo sedimentan en una ubicación profesionalmente sólida.

Roberto Jiménez Hidalgo, activo desde 1986, con formación especializada en el campo de la cerámica en la academia de arte de Nueva Gerona, mediante estudio organizado del contacto con destacadas figuras nacionales ha presentado ya sus obras en dos muestras personales: Alto Contraste, 1994 y Eterno Espacio, 1995; la primera en nueva Gerona y la segunda en Galería Formas, de la Capital del País.

Próximamente

Ahora, cuando proyecta una ambiciosa exposición para principios del 1999 en el Museo Nacional, Castillo de la Real Fuerza de la Habana, se imponen necesarias consideraciones entorno a experiencias previas y la urgencia del indispensable salto hacia adelante que justifique la oportunidad de enseñar los resultados del esfuerzo, en un sitio que por su pasado, situación dentro del contexto de las artes plásticas y la arquitectura, parece ofrecer el ámbito adecuado para que se explayen muchos de los entre telones de un intelecto marcado por la intención de crear y la incertidumbre de que no son suyos lo fácil o las cosas gratas o lozanas de la vida -por importantes que puedan ser- ; al transitar vías difíciles, sembradas de escollos, dirigidas hacia temores subyacentes demuestra como son sondeados tales aspectos por un artista, no tiene que partirse sólo de la experiencia personal o lo contingente, para adquirir un producto con coherencia.

El temperamento creativo, si logra un mensaje válido, es porque resulta suma y medida que van más allá de lo cotidiano; funciona cuando se alcanza el plano de generalizaciones de las señales asimiladas por la mente. Si el miedo, la angustia, el horror ante el encierro, son elementos constantes de la existencia –y no nos referimos a aquella marcada por la concatenación de eventos más o menos significativos y diarios –sino a la conformada por el mundo de los sueños de los terrores nocturnos, de lo subconsciente y definida merced a la empatía que surge en el camino del más feliz y despreocupado de los mortales, al trabar conocimiento del dolor o sufrimiento de otro ser humano.

Entonces, no debe sorprender que un talento de la Cerámica Artística Cubana centre su labor en tales aspectos, para situarlos a manera de espejo que propician la reflexión, no con el deseo de arrojar luz sobre la oscuridad; sino más bien a partir del afán de recorrer la zona oculta del paisaje humano y así, revelarla.

Quienes todavía consideran el ejercicio cerámico ubicado en el área motejada siempre por términos peyorativos como los de “artes decorativas “o “artes aplicadas”, creo que tiene ante sí un problema al enfrentarse a los planteamientos de este artista quien –por otra parte- no renuncia a la prestigiosa idea de hacer el plato, la botella, la vasija, en definitiva, objetos de una praxis formal cargada de conceptos; pero enfocada a otro sentido de la producción estética; digamos disfrutando de un discurso paralelo donde el estremecimiento se dulcifique gracias al juego formal en una suerte de malabares con lo trágico.

La concentración, el hacer del rumbo seleccionado algo indefinido, dan los márgenes que Roberto Jiménez Hidalgo quiere intencionalmente estrechos –pero profundos- como modo de imprimir el sello según el cual sea reconocido, identificable y valorado.

Arando en el rocoso lecho de lo no grato este ceramista ha conseguido obtener belleza desde una inteligente exploración de lo terrible. Sublimando la calidad plástica de factores nada diáfanos, el creador aplica el contraste la oposición entre los hechos aparentemente irreconciliables, para exigir un lugar en nuestras vidas.

Critico de arte y periodista: Alejandro G Alonzo Rodríguez
Articulo Publicado en el suplemento cultural Al Sur del periódico victoria
Isla de la Juventud Cuba Año 1998.

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